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  • Julio Rodríguez

Café Don Bartolo: de la montaña a la taza



Recientemente conversamos con Javier Quezada Becerra, propietario y productor de café en la provincia de Colón. Su marca, Don Bartolo, es un robusta legítimo con una historia que data de los años cincuenta y que ha venido creciendo desde entonces.



Javier Quezada, productor de café, realiza inspección en los cafetales Don Bartolo

CLH: Remontémonos a los inicios, a los años de Bartolomé Becerra Rivera.

Javier: Soy nieto de Don Bartolo, quien nació en 1915 y falleció en el año 2007. Él llegó a un punto en Colón de la Costa Abajo, que se llama Unión de Piña, distrito de Chagres, en 1950. El nombre original de este lugar es “El Encanto” y allí fue donde Don Bartolo se radicó y crió a catorce hijos (cuatro mujeres y el resto varones). El abuelo dedicó toda su vida al trabajo del café, pero en esos días sólo hacía este trabajo para obtener lo esencial, lo del diario. No tenía esa visión ni proyección de empresario, pero la necesidad lo obligó a vender el producto. Mi abuelo me llevaba en un motete, a mis seis años de edad, a la finca. A todos los nietos nos enseñó el trabajo de café, cómo se manejaba; le fui agarrando amor y pasión. Crecí con eso.


Ubicación de Unión de Piña, distrito de Chagres, Colón

La finca después quedó parada por más de veinte años. El abuelo cayó con problemas de salud. Al pasar el tiempo, ninguno de sus hijos se dedicó a atender la finca. Algunas personas inclusive se apropiaron de los terrenos de Don Bartolo.


CLH: ¿Cuándo y cómo comenzó usted a trabajar en el café?

Javier: Yo inicié esto con mi familia, hace doce años, haciendo la inversión de nuestro bolsillo. Prácticamente llegamos a rescatar la finca. Son tierras fértiles, los productos que salen de ahí son orgánicos. Pero con lo que pudimos retomar empezamos. Le vendimos a intermediarios las primeras cosechas. Vi que no era rentable porque casi todo iba al bolsillo de ellos. Esto me obligó a cambiar el rumbo trazado. Mi sueño era entrar al mercado local. Busqué asesoramiento con agrónomos y profesionales, se mandaron a hacer pruebas de campo del café y empecé a cambiar el método y a mejorar la producción de forma más técnica, menos rudimentaria. He aprendido el manejo desde que la semilla es puesta en el semillero, cuando esta germina y se convierte luego en plantón, desde que se lleva al campo donde se va a desarrollar y a florecer, hasta cuando se da el producto, el manejo de la cosecha, el secado, el pilado y ya desde ahí lo mandamos al interior a una torre-factora de la localidad donde nos brindan el servicio de tueste.



CLH: Háblenos un poco de cómo producen el robusta.

Javier: Mi manejo ha sido en todo momento al estilo del abuelo. En el mercado hay dos variedades: el robusta mejorado y el que trajeron los abuelos desde los años cincuenta, de Costa Rica. Hasta el día de hoy, muchos agricultores y también productores me han dicho que la conserve porque se está extinguiendo. El robusta mejorado es comercial y rinde mucho. El robusta legítimo, por el contrario, no rinde mucho, pero después que usted le dé un buen manejo, la calidad es superior y el sabor es un sabor estilo montañero, exclusivo, que yo personalmente no lo cambio por nada y actualmente me concentro en crear semilleros para conservar esa semilla hacia en el futuro. Sabemos que Japón, por ejemplo, está reclutando a productores que tengan esa semilla de robusta. Ese café se cultiva a 600 msnm y muchos consumidores, acostumbrados a tomar café de altura, se sorprenden cuando les decimos que este café es de Colón, de tierras bajas. Sabemos que nuestro robusta es especial.

Pero no es fácil. Para extraer ese café de la montaña, es una travesía muy grande. Nos toca subir y bajar lomas, cruzar ríos, en fin, nuestra metodología es la que se usaba desde hace noventa años atrás. Esto significa que el café se recoge en lonas, se transporta a caballo y no usamos químicos, solo machete.


Y así lo manejamos como una actividad familiar. Hacemos mucho énfasis en el manejo de la cosecha, es decir, desde que se recoge y por ejemplo el secado, cuyo rango es hasta un mínimo de doce por ciento de humedad para que la semilla esté en su punto. Esto permite que cuando va al tueste, el sabor se diferencie de los demás cafés. Mi esposa y mi hija son quienes manejan todo el trabajo de mercadeo y las ventas. Yo me enfoco en todo lo demás.


CLH: ¿Cómo lo comercializan?

Javier: Nos hemos dado a conocer principalmente a través de la venta en ferias, como la de La Chorrera, David y Colón, con más de dos años de participación activa en este tipo de eventos y hemos ganado reconocimientos que nos ha otorgado el MIDA como el mejor manejo del producto y también méritos como emprendedor en la provincia de Colón. Se nos permitió presentar nuestro producto en la feria "Compita", desde donde hacemos degustaciones y el tomador de café, tan solo con el aroma, se da cuenta que nuestro grano es de calidad. Les decimos a los compradores: “llévese el café, si no le gusta le devolvemos su dinero”, y esta ha sido nuestra garantía con todos nuestros clientes, todo el tiempo.


CLH: ¿Cómo se logra mantener la calidad del grano original?

Javier: Para poder mantener la calidad de nuestro producto mantenemos a toda costa el uso exclusivo de nuestra semilla. No compramos granos de ningún otro productor. Cada nueve meses, que es cuando se da la cosecha, producimos una cantidad de veinte quintales. Nuestra meta es expandirnos y para ello estamos trabajando fuertemente en la producción de semilleros.


Sinceramente pienso que, si mis abuelos hubieran contado con el factor económico y tenido la visión, este grano hubiese obtenido reconocimiento en muchas partes del mundo, ya que su calidad habla por sí sola. Por ejemplo, este café ha llegado a Europa, en Alemania, gracias a un familiar que vive allí y cuando se lo dio a degustar a los alemanes, que son muy exigentes con este tipo de producto, la satisfacción de ellos fue total. Otro caso, por ejemplo, son los catadores de Venezuela. Ellos lo han probado y nos preguntan qué hacemos en la finca con este café, y no me creen cuando les respondo que yo solo uso el machete, a este café no le aplico ni siquiera químicos.


CLH: ¿Cuál ha sido su mayor aprendizaje en todos estos años?

Javier: Cuando llegué a rescatar la finca, me acompañaron los hijos de los trabajadores de mi abuelo y ellos me dijeron, al ver el estado en que se encontraba el lugar, que si yo estaba seguro de querer trabajar allí. Era una verdadera selva. Solo el trabajo de limpiar y preparar el campo nos tomó casi año y medio.


Muchas personas me decían que yo estaba loco, que estaba botando mi plata, que eso no daba, en fin. Fueron muchas cosas negativas y no lo niego, como humano que soy, repetidas veces estuve tentado a soltar el machete, pero también soy una persona que cuando pongo un proyecto en manos de Dios nada me detiene. Yo le pedía a Dios que me diera fortaleza y le decía: "Dios mío, tú me trajiste aquí, yo se que no me vas a abandonar".


Hace más de ocho años nos atacó la broca tan brutalmente, que perdimos todo prácticamente, pero esto no me desmoralizó. Siempre le pedía a Dios que me diera fuerza. Eso me inspiraba a seguir. Lo traté de ver como una prueba y recuerdo que mis palabras en ese momento fueron: "Dios mío, si tú me das dos granitos de café, yo te lo agradezco".

Y fueron muchas pruebas, muchas cosas. Los intermediarios, por ejemplo, nos comían vivos con los precios. Tantos obstáculos nos obligaron a cambiar la estrategia. Aprendimos muchísimo en el camino y al final pudimos lograr ver la ganancia, pero los primeros años fueron duros, duros.


CLH: ¿Qué lo fortaleció, a parte de su fe, qué lo impulsó a seguir adelante?

Javier: Mi abuelo siempre me decía: “Trabaje duro nieto, que el café da plata, lo único es que hay que saber trabajarlo. No se asocie, ni venda, que algún día le toca a usted. Lo que el café le quita a usted en cinco años, a veces se lo devuelve en dos. Pero uno tiene que tener fe y paciencia”. Y con estas palabras me quedé para toda la vida.


CLH: ¿Qué planes tiene Don Bartolo a futuro?

Café Don Bartolo, un producto 100% colonense que sigue la línea trazada por su fundador.

Javier: Tenemos todos los requisitos para entrar al mercado local y en un futuro exportar. Este café califica como orgánico, pero se requieren pruebas de laboratorio para obtener la certificación y allí hay una inversión considerable, ya que estas pruebas de campo giran alrededor de los seis mil dólares. Esperamos el apoyo del MIDA y contar con ello significaría un ahorro considerable para poder cumplir con estas certificaciones.


CLH: ¿Cuál ha sido su recompensa de todo este esfuerzo, aparte de lo económico?

Javier: ¿Sabes cuál es mi recompensa? Es cuando tu pruebas mi café y te das cuenta de lo excelente que es y de que todo el trabajo que hemos realizado en estos doce años está allí, en ese empaque.


CLH: Don Javier, ¿algo más que desee compartir con nosotros?

Javier: Quiero darle las gracias a Dios por todo lo que nos ha dado, por su apoyo en esta aventura. Y también quiero darle las gracias a mi abuelo, que está en el cielo, y sé que debe estar muy orgulloso de nosotros y, aunque no tuvo la visión en su momento de hacer esto con miras a convertirlo en una actividad comercial, fue él quien creó este cafetal y fue él el pionero de esta historia.





Contacto Don Bartolo:

Javier Quezada (507) 6660-3104

Ána de Quezada (507) 6675-1383

E-mail cafedonbartolo@outlook.com

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